La vall d'Hostoles
camping

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Alrededores

Imagen de la capilla del Roser, St Feliu de Pallerols

El pueblo de Sant Feliu de Pallerols, con un centro urbano adornado de calles y casas centenarias, nos evoca una noble historia, las raíces de la cual se sumergen en la Edad Media. Hoy en día, junto a las aldeas de Sant Iscle de Colltort y Sant Miquel de Pineda, constituye un municipio vital y dinámico, abierto a la modernidad con todos los servicios que ésta exige, pero a la vez respetuoso con su pasado y con la belleza natural de su entorno. Con sus algo más de mil habitantes, es un pueblo lleno de encanto, noble y acogedor, con una larga tradición como destino turístico para muchas personas que vienen aquí; a fin de disfrutar de unos días de saludable ocio o de unas vacaciones tranquilas y agradables.

Fotografia de la vista de la vall d'hostoles

El valle de Hostoles, que da nombre al camping, es verde y exuberante, generoso y acogedor, y está regado por las cristalinas aguas del río Brugent, el cual, dejando atrás un rosario de hermosas cascadas, desembocan finalmente en el Ter. Tapizado de cultivos, prados y bosques, embellecidas por nobles masías y presidido por místicos santuarios, el paisaje se balancea armoniosamente entre mediterránea y alpina, dos zonas paisajísticas y climáticas que se hermanan en nuestro hermoso valle.

El valle de Hostoles se extiende entre dos espacios geográficos de gran interés natural y paisajístico: el Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa por un lado, y el Espacio de Interés Natural del Collsacabra (también conocido como Cabrerès) por el otro. El paisaje del valle participa tanto de la pictórica fertilidad volcánica como de la impresionante solemnidad de los barrancos cabrereses.

Fotografia hecha desde el far

Ciertamente, el entorno volcánico de la Garrotxa ha estimulado desde siempre el interés de muchos pintores de la naturaleza, que han sabido plasmar en sus telas los infinitos matices con que ésta se manifiesta en estos parajes pre-pirenaicos: las formas y colores de las montañas y cultivos, de las aldeas y masías; las luces y sombras de solanas y umbrías, de bosques y riachuelos. Y como fondo recurrente en sus obras, la imponente presencia pétrea del Puigsacalm, dintel del Vidranès y pared maestra de la Baixa Garrotxa.

Por la parte del altiplano del Collsacabra, el caminante descubre un paraíso amurallado por barrancos y precipicios, donde la piedra se convierte en escultura, el paisaje deviene un inmenso pesebre y los horizontes se amplían al infinito.